La poesía y la novela

La novela estaba escrita. El siguiente paso era editarla. Pero Edo y Lina decidieron dejarla descansar un mes. En aquel mes, Edo decidió concentrarse en el curso de escritura creativa que estaba creando. Específicamente, Edo estaba tomando un curso de poesía. El curso le había parecido excelente. Estaba en inglés, pero los ejercicios los había hecho en español. Le gustaría quizá organizar un curso así en línea. Pensó ir a decírselo a la doctora Rodríguez, pero lo desecho casi inmediatamente. La doctora Rodríguez parecía cada vez menos necesaria. Se lo contaría a Lina y le pediría que le revisara sus ejercicios de escritura y el libro de poemas que estaba escribiendo.

Era la hora del almuerzo ya, Edo bloqueó el computador y salió de aquella casa colonial convertida en oficinas. Caminó hasta la plaza de Bolívar y la atravesó hasta llegar a la catedral. Entró en la catedral. Edo no era católico pero le fascinaban aquellas construcciones. La arquitectura le parecía poética. El misticismo le parecía poético. La catedral estaba casi vacía. No había muchas personas en ella. Dos ancianas estaban sentadas en las butacas de enfrente, rezando. Un señor estaba de pie, frente al altar. Un par de turistas entraban y salían de allí. Edo caminó hasta el centro de la catedral y allí se sentó.

¿Qué podía un novelista aprender de la poesía?, se preguntó. El manejo de las palabras, pensó. Aprender que las palabras son más que representaciones, más que símbolos. Las palabras tienen sonidos. Aprender a combinarlas era aprender a hacer música con las palabras. En sí esa era una parte de la poesía que le fascinaba. La poesía la apreciaba cuando la escuchaba, no solo cuando la leía. La sonoridad de un poema acercaba la poesía a la música. Pero, ¿cómo se acercaba la poesía a la música? La rima y el ritmo fue lo primero que Edo pensó. La rima no era solamente el uso de sílabas similares al final de cada verso, pero el uso cuidadoso de las palabras como sonidos. El uso de palabras con sonidos similares y la repetición de sonidos en palabras adjuntas eran todas parte de la rima. El ritmo por otro lado, se refiere a la acentuación de las palabras. La combinación de los acentos de las palabras en la oración daba el ritmo a la oración. Por último, pensó Edo, el tamaño de la linea. El tamaño de cada verso era una decisión importante que los poetas deben tener en cuenta para escribir un nuevo poema. El tamaño de la linea da musicalidad al poema cuando este es leído. Esa musicalidad también crea significado y expresividad. En la novela no se utiliza un tamaño de línea continuo, no hay versos. Pero se podrían utilizar tamaños de oraciones diferentes para controlar la velocidad de la narración. Un párrafo con oraciones cortas produce un efecto de velocidad, suena más rápido. En contraste, un párrafo con oraciones largas suena más lento. Es un poco como el galope de un caballo: las oraciones cortas nos dan un galope; las oraciones largas un caminado. La combinación de oraciones largas y cortas nos permite así controlar la velocidad de la narración. Es más, si añadimos acciones a las oraciones cortas, la narración va a sonar más dinámica y veloz.

Como si estuvieran escuchando sus pensamientos, el órgano comenzó a sonar. No conocía la música, no la había escuchado antes. Sacó su celular y preguntó por la música. Era Schumann. Quizá algún estudiante estaba practicando en el órgano de la catedral. Así como él estaba practicando sus pensamientos sobre la poesía. ¿Qué más podría aprender de la música? No, no de la música. ¿Qué más podría aprender de la poesía? Ya había pensado sobre la musicalidad, que quizá era la parte más importante. La musicalidad incluía el sonido de las palabras y la combinación de las palabras. Pero la poesía era más que sonidos. La poesía también jugaba con los significados de las palabras. Metáforas, símiles, todas esas herramientas literarias se sentían en casa en la poesía. Eso era algo que los novelistas podrían aprender. Lezama Lima lo había explorado hasta el extremo. Él podría explorarlo un poco más. ¿Qué era la metáfora? La metáfora es una comparación, es la comparación de dos objetos que a simple vista no parecen conectados. Esta comparación ayuda a dar al objeto una nueva perspectiva, una nueva personalidad. Símil, metonimia, personificación y otras herramientas podían pensarse como comparaciones. ¿Había él usando comparaciones en Músico quise ser? Seguro que sí. Pensándolo bien, el uso de metáforas no es extraño a la novela, los novelistas lo usan sobre todo en las descripciones para facilitar la visualización de un escenario con objetos que son más cercanos al lector. Ahorita Edo no se acordaba de ningún pasaje específico, pero estaba seguro que podría encontrar un par de ejemplos.

¿Qué más podría aprender de los poetas? Los poetas, más que los narradores, tiene un conocimiento más profundo de las palabras que representan objetos concretos o abstractos. Los poetas combinan estos dos conceptos para crear nuevos significados y sensaciones. Es esta combinación de lenguaje concreto y abstracto lo que se conoce generalmente como lenguaje poético. No tanto el uso de metáforas, rimas y metros, como la combinación lúdica de ideas concretas y abstractas. Él podría usar esta herramienta para crear ambientes en la narración, y estados psicológicos en sus personajes. Emociones del instante, reacciones a eventos impresionantes, pueden ser descritos y enriquecidos con el lenguaje poético.

Estaba haciéndose tarde, debía regresar ya a trabajar. Edo salió de la catedral, tenía un poco de hambre, así que entró en una pequeña tienda donde compró una arepa que se fue comiendo en el camino de la oficina. No fue suficiente, aun tenía hambre cuando se sentó al escritorio. Comió una chocolatina que siempre tenía en uno de los cajones. En el cajón también tenía algunos de los ejercicios de poesía que había escrito durante el curso de poesía en Coursera. La lista de ejercicios debería estar por ahí. Quizá era buena idea traducirla al español, publicarla en algún sitio web, al lado de la traducción que había hecho Lina del método Snowflake. Para ello debería contactar al escritor que dirigía el curso. Le escribiría un email aquella misma tarde y le solicitaría su permiso.