Una mejor forma de crear los personajes de una novela

Crear los personajes de una novela

Crear los personajes de una novela

—Cuénteme.

—Doctora, creo que tengo un problema de identidad —comenzó Edo con una voz que aún buscaba palabras en el techo blanco—. En la primera página de mi vida soy un gigante, pero en la página 100 soy un enano.

—Parece normal —lo miró la doctora Rodríguez, tratando de estudiarlo—. Todos tenemos días en que nuestra personalidad parece ser diferente.

—Pero lo que me pasa es muy diferente, doctora. No solo mis sentimientos cambian, también mi personalidad y hasta mi físico. En dos escenas similares me comporto como dos personas totalmente diferentes.

—¿Y cuál cree que pueda ser la causa de este problema?

—Creo que es culpa de mi creador —sentenció Edo.

La doctora Rodríguez bajó el cuaderno de notas donde hasta ahora había estado tomando apuntes. Dejó el estilógrafo LAMY sobre el cuaderno y, con la misma mano, se quitó las gafas. Las mantuvo en su mano izquierda mientras estudiaba a Edo en silencio. Él estaba, a su pesar, acostado en el sofá de cuero negro que estaba frente a la poltrona donde ella estaba sentada. Le hubiera gustado que él estuviera sentado: así podría ver sus ojos. Pero él se había recostado tan pronto ella le dijo que se acomodara como quisiera, que se recostara en el sofá si así se le hacía más fácil hablar. Pero en esos momentos le hubiera gustado verlo a los ojos y saber si él le estaba tomando el pelo o solo estaba usando esas metáforas literarias debido a su profesión. Edo era escritor. Eso era lo que había puesto en el formulario que le hicieron rellenar cuando pidió la consulta. Pero además de ese detalle, su nombre completo, dirección y edad, la doctora no sabía absolutamente nada de él. Pensó encararlo y preguntarle si se estaba burlando de ella, pero le pareció poco profesional y decidió seguir con la terapia y escuchar lo que él decía. Además estaba esa extraña sensación que sentía desde que él entró al consultorio.

—¿Culpa del creador? ¿De Dios?

—Puede ser. —Un pequeño silencio—. Yo no tenía una personalidad clara antes de que mi historia fuera contada. No me diseñaron bien.

—¿Cómo debiste haber sido diseñado? —dijo la doctora Rodríguez mientras anotaba dos palabras en el cuaderno—. Eres escritor, ¿verdad?¿Cómo diseñas a tus personajes?

Edo, como lo había hecho hasta ahora, miró el techo en busca de palabras. Vio algunas de estas dibujándose en las intrincadas formas que los diminutos puntos de pintura blanca formaban. Luego, repentinamente, se sentó. Los codos fueron a descansar en sus rodillas; su mentón fue a descansar en sus manos entrecruzadas. La mirada de Edo se posó en la atónita mirada de la doctora Rodríguez. El movimiento repentino de Edo la había sorprendido. Los ojos, que mostraban a su vez confusión y lucidez, la habían desorientado.

Lo básico

—Antes de escribir una novela creo un perfil de cada personaje principal —comenzó a relatar Edo mientras reforzaba sus palabras con dibujos que sus manos hacían en el aire—. Describo el físico del personaje, su información personal y sus gustos.

—¿Como una hoja de personaje en un juego de rol?

—Si, exacto —contestó Edo inseguro—. Pero la verdad, me parece un paso un poco aburrido.

—¿Y funciona?

—Más o menos —respondió Edo mientras dejaba que su espalda lo halara hasta el respaldar—. ¿Cómo lo haría usted doctora?

La doctora Rodríguez volvió a bajar el cuaderno de notas, volvió a dejar el estilógrafo sobre este y volvió a quitarse las gafas para examinar a su paciente. Esta vez sí encontró los ojos de Edo que la miraban fijamente, seriamente, atentamente esperando la respuesta. La doctora bajó la mirada con cierta timidez. No encontró a su derecha, en la réplica del cuadro de Miró, la respuesta que le hubiera gustado dar en esos momentos. No encontró a su izquierda, en el estante de libros de psicología, la respuesta que ella estaba buscando en esos momentos. Miró sus notas y, repitiendo que ese paciente era como cualquier otro, se puso las gafas de nuevo.

Las tres capas

Las capas

Las capas

—Yo creo que trataría de construir al personaje en tres capas —decidió responder—: una física, una mental y una emocional. Para crear un personaje verídico se deberían explorar esas tres capas.

—¿No las estoy cubriendo?

—Creo que solo está cubriendo la física y parte de la emocional —se detuvo un segundo para aclarar sus ideas—, pero me parece que falta un mejor desarrollo de la capa mental y emocional —otro silencio—. Es el conflicto entre lo que una persona piensa y lo que siente lo que hace interesante a un personaje.

Edo permaneció en silencio unos momentos. Sus ojos miraban el cuaderno que la doctora Rodríguez también miraba. Los dos veían cosas muy diferentes: ella veía las notas que hasta ahora había tomado, tratando de explicarse a sí misma la sensación de falta de control que aquel paciente la hacía sentir; Edo miraba en el borde del cuaderno de notas ideas que nacían en su mente y se convertían en preguntas que quería hacerle a la doctora.

—¿Cómo se forma la capa emocional?

—Difícil pregunta —contestó al mismo tiempo que escribía la lista en su cuaderno—. Quizá en parte nacemos con ella, en parte es la educación que recibimos, las ideas que tenemos. En pocas palabras, la capa emocional se va formando con las experiencias que vivimos.

—Pero la capa mental puede controlar la parte emocional.

—Si —aceptó la doctora Rodríguez—. Pero con mucho esfuerzo.

—Por eso es que la gente no cambia.

Ahora fue Edo quien miró a la doctora fijamente: estudiándola, analizándola. La doctora Rodríguez era una mujer hermosa: su rostro ovalado estaba enmarcado por un cabello lacio que no alcanzaba a llegar a sus hombros; su cuello largo se perdía en una blusa blanca que mostraba discretamente un cuerpo levemente delgado. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Edo: esa mujer era exacta a la que tantas veces aparecía en sus sueños. Por un momento pensó, incluso, que él podía cambiar su físico con tan solo pensarlo. ¿Ella no tenía acaso el cabello largo cuando entró en el consultorio?¿Fantasía?¿Súcubo?

—Quizá se explique mejor con un ejemplo —lo sacó la doctora de su perplejidad mientras se rascaba los cuernos que sentía iban a salir de su frente—: una persona educada bajo la religión católica puede pensar que el hombre es polígamo por naturaleza, pero al ser infiel se siente mal. Este sentimiento entra en conflicto con su forma de pensar, haciendo más difícil la toma de decisiones y la aceptación del resultado de esas decisiones. Pero después de que la infidelidad se repite una segunda, tercera vez, el sentimiento de culpa va desapareciendo. La capa mental y las experiencias van cambiando, poco a poco, la capa emocional.

—¿Es su caso doctora?—trató de bromear Edo.

—Es el caso de muchos —sostuvo su mirada—. Además estoy completamente soltera.

En el corto silencio que siguió, la doctora Rodríguez aceptó que Edo no era un paciente como cualquiera. ¿Pero qué lo hacía diferente?¿Qué hacía que ella se sintiera confundida? A pesar de que sentía la necesidad de seducirlo, la doctora desechó rápidamente una atracción física. Era diferente. ¿Qué era? No pudo, sin embargo, evitar escribir en sus notas: ¿es o no?

El mejor método de crear a los personajes

Personaje

Personaje

—Pero entonces, ¿cómo se puede diseñar a un personaje? —Edo rompió el silencio.

—Quizá de la misma forma como uno conoce a las personas con las que se relaciona. ¿Cómo lo haces tú?

—Indudablemente lo primero es el físico —respondió inmediatamente Edo. La continuación de su respuesta no fue tan inmediata—. Luego uno conoce la capa mental tras las conversaciones que uno tiene con la otra persona. Finalmente se conoce la capa emocional al ver las acciones de esta.

—Exacto. De pronto la mejor forma de crear a un personaje es seguir ese orden: primero describirlo físicamente y luego contar la historia de la novela desde la perspectiva del personaje. Así se puede mostrar lo que piensa el personaje y como realmente actúa frente a un suceso.

A Edo le gustó la respuesta. En vez de perder el tiempo creando perfiles aburridos, podía contar el argumento de la novela desde un punto de vista diferente. Era una forma más creativa de crear a los personajes y además le ayudaba a explorar la historia misma. Edo sonrió; Edo le regaló una sonrisa a la doctora que la hizo bajar la mirada por segunda vez. Ella, con la mirada fija en las notas, habló más para el cuaderno que para él.

—Entonces, volviendo a tí, ¿cómo te diseñó tu creador?

—Creo que hasta ahora lo está haciendo —la sonrisa en su rostro se deshizo—. Y a ti también doctora —concluyó—. Y a ti también

 

Publicado en Artículos y etiquetado , , .

Un comentario

  1. Pingback: Ficción y realidad: cómo convertir la vida en ficción - Cómo escribir novelas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *