La publicación de la novela

Está escrita. Pensaba Edo mientras levantaba su copa y miraba a la pareja bailando. No estaba prestándole atención a la música. Solo podía pensar que había acabado su segunda novela. Lo había hecho con ella, con Lina, con aquella mujer que estaba a su lado, bebiendo una copa de tempranillo, comiendo una ensalada de pulpo y mirando a la pareja bailar flamenco. Lina sí estaba concentrada en la música, en el vino, en la comida, en el momento. Ya tendrían tiempo de llamar a Manuel y pedirle el favor de poner el sitio web para la novela. Porque eso era lo que habían decidido hacer. Habían decidido publicarla por ellos mismos, en un sitio web que se llamaría Como escribir novelas.

La decisión la habían tomado un poco antes de que el show comenzara. La comida no había llegado tampoco y solo tenían el vino en sus mesas. Hablaban de aquellos seis meses que habían pasado planeando, escribiendo, editando la novela. Pensaron contactar a un agente, pensaron mandarla a casas editoriales, pero finalmente decidieron publicarla en línea.

La publicarían como un sitio web y la venderían también en línea. Sabían que a Manuel le interesaría el proyecto. A él también le gustaba la literatura. Manuel incluso le había comentado que estaba tratando de escribir una novela. No exactamente, corrigió Edo, él quiere enseñarle a su computador a escribir una novela. Lina calló un momento, en parte porque estaba pensando sobre el proyecto de Manuel y en parte porque la comida había llegado. Habían pedido tres platos: una ensalada que contenía pulpo y naranja, papas bravas, chorizo. Edo atacó el chorizo primero, Lina la ensalada. Después fue al revés y los dos concluyeron que la ensalada era increíble.

¿Por qué publicarla ellos mismos? No era una idea que había nacido en aquel momento. Lo habían discutido antes, quizá dos o tres semanas atrás. Pensaron que tenían tres opciones:

  • buscar un agente literario y darle el manuscrito
  • enviarlo directamente a una casa editorial
  • publicarlo por sí mismos

Descartaron enviarlo a una case editorial porque ellas ya no reciben manuscritos directamente. Les tocaría de todas maneras buscar un agente. Ellos conocían agentes literarios. Lina a veces editaba novelas para uno de ellos. Muy de vez en cuando, pero hay tenía el contacto. A Edo lo habían contactado un par de agentes después de la publicación de Músico quise ser. Pero se sentían incómodos cuando pensaban enviar el manuscrito del modelo. Lina lo expresó correctamente: el manuscrito va a cambiar. ¡Tiene que cambiar! Cada día aprenderían nuevas cosas que debían incluir en el modelo. Así el modelo fuera una novela, ellos tenían que cambiarlo cuando ellos aprendieran cosas nuevas. El modelo tenía que madurar. Para poder tener esa flexibilidad, el sitio web era perfecto.

La danza acabó, la música de guitarra calló. Los aplausos siguieron por un breve momento antes de que las conversaciones en las mesas vecinas reiniciaran. Edo y Lina se miraron a los ojos. Sonrieron. Levantaron las copas de tempranillo y brindaron.