Como editar una novela

La corrección

Un mes y una semana habían pasado desde que Edo y Lina habían escrito el borrador de Modelo para escribir una novela. Durante aquel mes no habían leído el borrador y habían trabajado en proyectos diferentes: Lina había escrito un guión para una película corta y Edo había escrito un libro de poemas. Mientras lo hacían habían tomado notas en como aquellos dos géneros podían ayudar en la escritura de novelas. Pero ya era hora de editar el Modelo. Así que un día se sentaron en la mesa de la cocina, con las dos copias impresas de la novela enfrente de ellos y dos lápices rojos encima de cada copia.

—Vamos a dividirnos el trabajo —prácticamente ordenó Lina—. Vamos a corregir la ortografía, gramática y redacción. Tu corriges los capítulos que yo escribí y yo los que tu escribiste.

Edo aceptó, cogió su copia y su lápiz y comenzó. Leyó un párrafo y se detuvo. El computador podría corregir los errores obvios mucho más rápido. Se levantó de la silla y le dijo a Lina lo que iba a hacer.

—Siéntate —respondió Lina—, eso ya lo hice. Estas copias ya pasaron por el auto corrector.

Edo se sentó y continuó. El auto corrector no era perfecto, en la primera página ya había encontrado un par de errores.

Aquella primera corrección les tomó una semana. Después un par de días más para limpiar el archivo en el computador.

—Por eso creo que es mejor trabajar exclusivamente en el computador.

Lina aceptó, a pesar de que le gustaba trabajar más en el papel, reconocía que a veces era doble trabajo. Aceptó que la siguiente parte, la edición en sí, la harían en el portátil.

La edición

Lina estaba sentada en el sofá, Edo estaba sentado en su escritorio. Él leía la novela en voz alta:

No ha llegado a la segunda página pero ya sabe el contenido de la historia. Edo aun recuerda los pasajes que la novela contiene. Casi recuerda incluso las palabras que usó. Recuerda más aun los momentos que pasó escribiéndola. Fue divertido, fue una época de su vida a la cual le gustaría regresar.

—Creo que necesita un punto después de “Fue divertido”. —Edo cambió la coma y siguió leyendo.

El libro baja un momento mientras Edo mira al frente, a la distancia, a la pared frente a el. No ve esa pared vacía donde solo hay un cable negro que sale del conector de energía y se esconde tras la nevera que da inicio a la siguiente pared. Edo quiere mirar su pasado y recordar más cómo escribió Músico quise ser. Pero el pasado siempre se borra y sus recuerdos son confusos. Hay tanta confusión en estos momentos. Tanta confusión. Los dedos juegan con el papel, comienzan a pasar la hoja. La mirada de Edo comienza también a bajar: abandona la pared y regresa al papel. Sube el libro mientras escucha los pasos que entran a la cocina.

—¿Conector? —En esos momentos se me olvidó el nombre.

Edo corrigió y continuó:

Lina saca los dos pocillos que yacen boca abajo en la repisa para secar la loza. Están aun mojados pero piensa que no hay problema en usarlos ya. Los deja al lado de la cafetera que contiene un liquido negro, caliente, con un olor fuerte que llega a los dos. Lina comienza a verter el café en los pocillos al mismo tiempo que rompe el silencio:

Una pausa. Lina se ve pensativa, hay algo que no le gusta en aquel párrafo. Es quizá la transición, dice. Edo lo marca para ser reescrito. Luego prosigue:

—Voy a escribir una novela —le cuenta a Edo.

Esta vez no hay pausa. La línea es corta y necesaria. Es lo que ellos habían marcado como el incidente inicial.

A Lina le ha estado rondando el tema en la cabeza desde hace mucho tiempo. Nunca lo ha intentado. A pesar de haber estudiado literatura, haber echo una especialización en edición y estar trabajando como editora, sus deseos de escribir una novela nunca se habían plasmado. Solo hasta esa semana cuando leyó aquel artículo sobre los transexuales en japón. No había mucho trabajo en la oficina y dejó volar su imaginación cuando terminó de leer. Dejó volar su imaginación cuando caminó al escritorio. Pensó cómo amarían, cómo serían sus relaciones, cómo serían sus vidas. Dejó volar su imaginación y escribió e inventó una historia basada en sus preguntas y en las respuestas que ella misma se iba dando. Escribió en su cubículo donde generalmente editaba revistas, panfletos y cuando tenía suerte una que otra novela. Escribió todo el resto del día. Escribió hasta que decidió irse a la casa. Dejó caer sus brazos y miró lo que había escrito. No lo leyó. Solo lo miro sabiendo que no era bueno, pero sabiendo que iba a escribir una novela.

—Márcalo también, por favor —solicitó Lina.

—Vamos en la primera página y ya tenemos dos párrafos marcados para reescritura.

—El primer capítulo es extremadamente importante. Además es el que generalmente tiene más defectos. Entre más se adentra el escritor en la historia y en la escritura en sí, menos errores hay.

—Suena lógico. Bueno, voy a seguir.

Así se lo contó a Edo.

—Me alegra que hayas decidido hacerlo —menciona—. Me lo tienes que dejar leer —añade.

Casi estuvieron de acuerdo que la segunda parte sobraba. Aquellas palabras deberían mostrar un falso interés. Entre menos dice Edo, mejor. Aquel párrafo no necesitaba ser marcado para reescritura, simplemente lo cambiaron en aquel momento. Eso era lo que habían planeado para aquel ciclo: leer la novela cuidadosamente, cambiando lo que podían mejorar inmediatamente y marcando aquellas oraciones o pasajes que necesitaban ser revisados con más cuidado.

Hay un silencio. En aquella pequeña mesa donde ahora estaban los dos sentados, tomando café, había dos mundos. Lina pensaba en su novela: ¿Cómo la escribiría?. Edo pensaba en su novela: ¿Cuándo escribiría una segunda novela? Músico quise ser cayó finalmente en la mesa, totalmente cerrada. Edo puso la mano sobre el libro mientras se ponía de pie. Necesitaba aire, necesitaba caminar, necesitaba salir. No lo dijo así a Lina, solo le dijo que tenía que ir a comprar algo que necesitaban. Posó sus manos en sus hombros y le besó la cabeza cuando le repitió que le alegraba que ella hubiera decidido escribir una novela. Luego salió.

¿Cuanto le tomaría revisar toda la novela? No estaban seguros, sabían que sería mucho más que lo que les tomó escribirla. Pero era normal, pulir una obra de arte necesita un esfuerzo más detallado, específico, enfocado. Eso es lo que estaban haciendo y seguirían haciendo hasta que terminaran este ciclo y quizá un ciclo más. Una vez más porque sabían que quizá un ciclo de revisión no sería suficiente. Pero aquel segundo ciclo sería más corto y sería el último. Lo habían discutido anteriormente: podrían pasarse la vida editando la novela de la misma forma. Por eso pusieron un límite, dos ciclos de revisión era el límite. No más.

Una última revisión

Y aquellos dos ciclos pasaron y finalmente Edo preguntó:

—¿Por qué la incluiste?

—Pensando en la novela, ella me parece un personaje muy interesante —respondió—. Y es una parte importante del protagonista.

Lina se levantó y dio una pequeña vuelta alrededor.

—¿Aun la vez?

—No. Hace bastante tiempo que no la veo.

—Me alegra. Ella solo está en los peores momentos del personaje.

La voz de Lina llegó a Edo cargando cierta tristeza que Edo entendió. ¿Cuándo Lina se había dado cuenta de aquello? No se acordaba habérselo contado. No se acordaba habérselo contado a nadie. Pero no le gustaba que Lina se sintiera mal por ella. ¿Porque acaso qué era ella? ¿Lina entendía qué era la doctora Rodríguez? Quizá. Aquella tristeza no eran celos, era algo diferente.

—A mi también me alegra —contestó—. Yo creo que ya no volverá a aparecer.